jueves, 4 de julio de 2013

DESCUBRIENDO EL CICLISMO: LOS AÑOS 80

            Muchos son los buenos recuerdos que me ha proporcionado el ciclismo, y muchas las horas de siesta que he perdido gustosamente por ver esas apasionantes etapas de montaña, esas emocionantes contrarrelojes y esos sprints increíbles.




            En este post no quiero seguir un guión establecido ni orden alguno, simplemente voy a rememorar a esos cracks del ciclismo que durante la década de los ochenta hicieron que me apasionase por este deporte, así como el recuerdo de algunos grandes momentos de la historia del ciclismo.



            Las primeras imágenes que recuerdo de la Vuelta Ciclista a España corresponden a la edición de 1984 en la que el francés Eric Caritoux se impuso por sólo seis segundos al añorado Alberto Fernández.


            Si pienso en grandes escaladores, uno de los primeros que me vienen a la memoria es el “Jardinerito” Lucho Herrera, vencedor de la Vuelta a España 1987 (donde ganó también la etapa de los Lagos de Covadonga) y cabeza visible de los grandes escaladores colombianos. Su mejor clasificación en el Tour fue la quinta plaza del 87. Ganó en el Tour dos etapas en el 85 en Morzine-Avoriaz y en Saint Etienne (sufrió una caída y llegó a la meta ensangrentado). Es junto a Federico Martín Bahamontes los únicos que han conseguido ganar el Gran Premio de la Montaña en las tres grandes vueltas.


            Del Giro de Italia puedo hablar poco, pero la rivalidad entre los italianos Francesco Moser y Giuseppe Saronni trascendió a la ronda italiana para trasladar sus duelos incluso a la Vuelta y las clásicas.


            Julián Gorospe fue un gran contrarrelojista, pero durante toda su carrera sufrió el estigma de aquella subida a Serranillos en la Vuelta 1983, cuando siendo líder se cebó en la rueda de Bernard Hinault y acabó fundido camino de Ávila. En el 84 venció en las dos CRI de la Vuelta y fue sexto en la general. También se adjudicó la etapa del Tour 86 que llegaba a Saint Etienne.



            José Luis Laguia se especializó en luchar por el Gran Premio de la Montaña de la Vuelta, algo que consiguió hasta en cinco ocasiones (81,82,83,85,86), venciendo en tres etapas y siendo quinto en la General de la Vuelta 82, campeón de España de fondo en carretera ese año, así como un gran corredor de equipo de aquel Reynolds lleno de estrellas.



            Uno de los sprinters que más me impresionó fue el holandés Jean Paul Van Poppel, ganador durante su carrera de gran cantidad de etapas en las tres grandes vueltas (9-Tour, 7-Vuelta, 4-Giro) así como el maillot verde de la clasificación por puntos del Tour en 1987.


            Un escalador único que perdía casi todo lo que ganaba subiendo en las contrarrelojes era Laudelino Cubino. El bejarano Lale ganó la etapa del Tour 88 que llegaba a Luz Ardiden, cima en la cual también venció en otra ocasión en la Vuelta. Fue tercero en la Vuelta 93 y yo lo recuerdo como un escalador único. Sin ser especialista de carreras de un día, también fue campeón de España de fondo en carretera en 1990.


            Una de las etapas más importantes de la historia de la Vuelta fue la decimoctava y penúltima etapa de la edición de 1985. Era la clásica “Etapa de los puertos” de la sierra de Madrid y se iba a disputar entre Alcalá de Henares y las Destilerías Dyc en Palazuelos de Eresma. El líder de la general era el escocés Robert Millar, y sus principales rivales eran el colombiano del Zor Pacho Rodríguez y Peio Ruiz Cabestany del Seat-Orbea, pero había un tapado.


           El año anterior, en esa misma meta había vencido el corredor del Kelme Pepe Recio, y ese año volvió a intentarlo de lejos. Millar pinchó pero salía con facilidad a los ataques de Peio y Pacho, pero el ataque de Perico tras Recio descendiendo Navacerrada es historia del ciclismo. Los dos juntos fueron cogiendo tiempo a Millar, que desesperadamente pedía ayuda a todo el mundo, pero nadie le ayudó y Perico consiguió recortar los más de seis minutos que le llevaba Millar en la general para adjudicarse aquella Vuelta del 85 por 36 segundos. Aquella etapa fue para Recio, y la gloria para Perico.



            Me llamaba la atención ver cuando entrevistaban al alemán Reimund Dietzen y hablaba español casi mejor que yo. Este corredor del Teka era un habitual del podio de la Vuelta, siendo 2º en el 87 y 88 y tercero en el 84. Fue 2 veces campeón de Alemania de fondo en carretera, pero lo curioso es que también lo fue en otras dos ocasiones de Ciclocross. Se tuvo que retirar en 1989 a consecuencia de las secuelas que sufrió tras una durísima caída en el Túnel de Cotefablo durante una etapa de la Vuelta.



            En la Vuelta se disputaban dos clasificaciones que eran las predilectas de los corredores de los equipos modestos: Las Metas Volantes y los Sprints Especiales. Equipos como el Hueso-Zahor-Dormilón luchaban por estas clasificaciones, donde recuerdo especialmente a Jesús Suárez Cuevas en los Sprints Especiales y a Miguel Ángel Iglesias en las Metas Volantes.


            Marino Lejarreta era uno de esos escaladores sobrios, luchadores y que siempre estaban en los momentos importantes. Llegó a terminar las tres grandes vueltas en el mismo año en varias ocasiones. Ganador de la Vuelta 82 tras la sanción por dopping a Ángel Arroyo, el “Junco de Bérriz” fue durante muchos años aspirante a subir al podio del Giro, en el que fue cuarto en dos ocasiones y quinto en otras dos. También fue quinto en los Tour del 89 y 90. En la Vuelta fue segundo en el 83 y tercero en el 91.


            Uno de los duelos más increíbles que he visto fue el que protagonizaron dos grandes de la historia del ciclismo como Greg Lemond y el francés Laurent Fignon en la última etapa del Tour del 89, una contrarreloj individual de 24,5 Km que terminaba en los Campos Elíseos. Fignon se presentaba en esta etapa como líder con 50 segundos de ventaja sobre el estadounidense, diferencia que no fue capaz de conservar perdiendo la clasificación final del Tour por sólo 8 segundos.






            En aquel Tour del 89 se produjo también uno de los sucesos más curiosos que he visto, cuando Pedro Delgado, vigente campeón del Tour, llegó tarde (dos minutos y cuarenta segundos) a la salida del la Prólogo que se disputaba en Luxemburgo. La ansiedad que le produjo eso le hizo tener un desfallecimiento en la crono por equipos, perdiendo otros cuatro minutos y medio. Tras esto Perico era último a más de siete minutos del líder, y teniendo en cuenta que en aquel Tour terminó tercero tras Lemond y Fignon a 3:34…



            Llamativo era ver a Vicente Belda, con su apenas 1,54 de altura, como se desenvolvía en las grandes etapas de montaña, dando siempre guerra a los favoritos. Su gran logro fue el tercer peldaño del cajón al que subió en la Vuelta de 1981.


            Está claro que Pedro Delgado merece una mención aparte, y ha sido uno de los ciclistas que más anécdotas y momentos importantes ha aportado a este deporte. Ganador del Tour en 1988 y de la Vuelta en 1985 y 1989, segundo en el Tour en 1987 tras Stephen Roche y tercero en 1989. También fue segundo en la Vuelta en 1990 y tercero en 1992 y 1994. Fue séptimo en el Giro de 1988. Todo lo que se diga de él es poco para lo mucho que me hizo disfrutar durante tantos años…





            El irlandés Sean Kelly fue uno de los ciclistas más polivalentes de aquella época, sprinter, aceptable contrarrelojista y buen escalador a ritmo, clasicómano, …, tiene un palmarés impresionante, donde destaca sobremanera su victoria en la general de la Vuelta 1988. Ganó cuatro veces la regularidad en el Tour y otras cuatro en la Vuelta, dos veces la Paris-Roubaix, otras dos la Lieja-Bastogne-Lieja, otras dos la Milán-San Remo, y siete veces consecutivas la Paris-Niza entre otros muchos éxitos.


            Épica fue la ascensión a La Plagne en el Tour de 1987. El duelo entre Perico y el irlandés Stephen Roche estaba en todo lo alto. Roche había ganado ese año el Giro (y luego ganaría el Mundial en ruta) y era el gran rival de Delgado. Perico atacó subiendo ese último puerto, sacando una ventaja a Roche que podría ser definitiva de cara a la última contrarreloj donde Roche le ganaría tiempo. 


             Las diferencias crecían cuando se llegaban a los últimos kilómetros, pero en una reacción increíble, Roche hizo unos últimos kilómetros brutales que le hicieron llegar a sólo cuatro segundos de Delgado. Las imágenes de Roche con la máscara de oxígeno tras llegar a la meta son impresionantes. Roche dio el vuelco a la clasificación en la crono final y ganó aquel Tour por sólo cuarenta segundos sobre Perico.




            Un sprinter atípico fue Mathieu Hermans, vencedor de seis etapas en la Vuelta de 1988 y otras tres en la de 1989 con el Orbea-Paternina. En el 89 ganó también una etapa del Tour, y en su “palmarés” también posee dos Farolillos Rojos del Tour (87,89).


            Próximamente escribiré sobre otros muchos momentos del ciclismo, en este caso sobre la década de los 90, donde existe un nombre propio: Miguel Induráin.



            Otros muchos nombres me vienen a la memoria, pero dejo que si queréis seáis vosotros quienes colaboréis para recordarnos a aquellos grandes ciclistas de los 80...



Ignacio Ortiz

@00CAFETERO

2 comentarios:

  1. Muy buena publicación, debemos ser casi de la misma quinta (1976) porque yo hubiera escrito lo mismo. Increible lo de Miguel Ágel Iglesias y Jesús Perez Cuevas, pensaba que era el único que me acordaba de esas cosas. Una lagrimita de nostalgia por esas fotos de cuando los ciclistas usaban gorra y muchas gracias, de verdad.

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  2. enhorabuena, muy buena recopilacion.
    Sabeis si se hacen quedadas de nostalgicos con bicis e indumentaria antigua?

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